lunes, 8 de febrero de 2016

Echar pa'lante

En este tiempo, pocos son los esposos o las esposas que son capaces de dar su vida por su pareja, y no escribo de parar una bala con el pecho, me refiero a renunciar a tus sueños, a tus anhelos, a tus deseos más profundos; y hacerlo por esa persona, hacerlo porque quieres que se cumplan sus sueños , quieres hacer realidad sus deseos, quieres que sus anhelos dejen de ser solo eso y se vuelvan una realidad, y te partes el lomo en un trabajo que seguramente no te gusta, en un trabajo que te hace pensar en las mañanas, “no quiero hacer esto el resto de mi vida”, pero recuerdas que lo haces por esa persona, recuerdas que ese es tu motor, recibir a cambio una sonrisa, una caricia o un te quiero de esa persona, y trabajas y trabajas por esa persona, y renuncias a todo lo que una vez deseaste, dejas de irte a vivir a ese país que tanto soñaste solo porque esa persona no quiere alejarse de su familia, dejas de vivir en la gran ciudad porque sientes que es muy grande para esa persona y sabes que esa persona no está acostumbrada a vivir allí que se siente insegura, dejas de reunirte con tus amigos para dedicarle tiempo, dejas de hacer cosas que te gustan, dejas de salir a pescar solo porque quieres dedicarle el tiempo que se merece. 

Y al final, después de haber abandonado todo lo que te hacía ser tú, cuando ni tú mismo te reconoces, cuando ya tu único sueño, tu único anhelo, tu única meta y tu único deseo se ha vuelto complacer a tu pareja, te das cuenta que se arregla mucho mejor que antes, hacer ejercicio y se arregla más para ir a trabajar, sientes que su atención hacia ti ha bajado, porque “tú solo te dedicas es a trabajar y trabajar”, “ya no eres quien eras antes”, “ya no tienes los sueños que tenías antes” y la final después de decirte que quiere darse una oportunidad con alguien más, porque no le gusta la forma en que resuelves los problemas, porque hace tiempo venimos con problemas, solo te dice “tienes que echar pa’lante”, esa frase es lo único que te queda,  después de haber dado todo.


Y ahora que estás solo, que quien era tu compañía en el viaje de la vida te dejó, porque hay alguien que es mejor que tú, y no dejas de culparte por no haberlo hecho mejor, no dejas de autoflajelarte por haber fracasado en tu matrimonio, cuando no dejas de sentirte como la peor persona sobre la faz de la tierra; te das cuenta de algo peor, ya no tienes una meta, ni siquiera tienes un sueño, no tienes anhelos y mucho menos tienes algo parecido a un deseo.  Desechado, pisoteado con el corazón roto y el alma herida, eres tirado a la calle como un trapo viejo que ya no sirve ni para limpiar la chimenea.  Ya no sirves para nada, ni para nadie, porque a falta de motivos no sirves ni para ti mismo.  Solo sabes que “tienes que echar pa’lante” el problema es que en este momento, ya ni sabes donde es adelante.

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