viernes, 7 de diciembre de 2018

Al final

Al final uno termina entendiendo que su tristeza fastidia, que nadie quiere oír de tu depresión, que es un tema perfecto para ser evitado y que no interesa a nadie. Buscas sitios para llorar a solas, escondes tus emociones bajo el tapete y descubres que no puedes compartirlos con nadie, si acaso en un blog que nadie lee y donde desbordas lo que sientes en palabras que representan fielmente tu incapacidad como escritor y tu limitado léxico.

Al final, la tristeza que te envuelve, representada en la soledad que te agobia termina siendo cierta y te das cuenta de que tu única compañía es tu mente enferma, tu corazón roto, la culpa que te carcome, el miedo que te atenaza y las lagrimas que luchas por ocultar. Haciendo balance, no estás tan solo.

miércoles, 28 de noviembre de 2018

ÍTACA de Konstantino Kavafis (Alejandría, Egipto, 1863 – 1933)

Esta poesía me la envió alguien que me quiso mucho, como en todas esas historias, siempre esas personas terminaron lastimadas, dolidas y lejos de mi. Pero en esta ocasión me enviaron un poema y quiero compartirlo con los fantasmas silenciosos e invisibles que sueño que me leen. 

"Cuando emprendas tu viaje a Itaca 
pide que el camino sea largo, 
lleno de aventuras, lleno de experiencias. 
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes 
ni al colérico Poseidón, 
seres tales jamás hallarás en tu camino, 
si tu pensar es elevado, si selecta 
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo. 
Ni a los lestrigones ni a los cíclopes 
ni al salvaje Poseidón encontrarás, 
si no los llevas dentro de tu alma, 
si no los yergue tu alma ante ti.
Pide que el camino sea largo. 
Que muchas sean las mañanas de verano 
en que llegues -¡con qué placer y alegría!- 
a puertos nunca vistos antes. 
Detente en los emporios de Fenicia 
y hazte con hermosas mercancías, 
nácar y coral, ámbar y ébano 
y toda suerte de perfumes sensuales, 
cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas. 
Ve a muchas ciudades egipcias 
a aprender, a aprender de sus sabios.
Ten siempre a Itaca en tu mente. 
Llegar allí es tu destino. 
Mas no apresures nunca el viaje. 
Mejor que dure muchos años 
y atracar, viejo ya, en la isla, 
enriquecido de cuanto ganaste en el camino 
sin aguantar a que Itaca te enriquezca.
Itaca te brindó tan hermoso viaje. 
Sin ella no habrías emprendido el camino. 
Pero no tiene ya nada que darte.
Aunque la halles pobre, Itaca no te ha engañado. 
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia, 
entenderás ya qué significan las Itacas."

martes, 20 de noviembre de 2018

Ultimas palabras

Quisiera ser merecedor de unas palabras al final, unas que no buscarán la grandeza, se que es mucho pedir, pero prefiero las de Sócrates. Simples, sencillas, prácticas y precisas.

—Critón, le debemos un gallo a Asclepio. Así que págaselo y no lo descuides.

Límite de Edad

Soy un joven de avanzada edad, tengo 45 años, pronto cumpliré 46 y cada vez mas leo sobre gente que se suicidó a esa edad.

Tengo un buen trabajo, algunas personas me quieren, unas cuantas me admiran (pobres ilusos!) y cada vez mas crece el número de los que me detestan, creo que pronto deberé carnetizar a estos últimos.

Los años (pocos según muchos) cada vez me pesan mas, he sentido el límite de la cordura al alcance de la mano y he decidido no cruzarlo, pero no niego que es una pendiente que me arrastra poco a poco y que al fondo de su abismo una muerte coqueta me invita a besarla.

No sé cuanto viviré, a veces, cuando Nimue se molesta conmigo (algo cada vez mas frecuente...) siento que los motivos para ver nuevos amaneceres son cada vez menos, que lo fácil sería acortar los calendarios y olvidar las promesas de fechas por cumplir.

La edad me hace desear los años sin depresión o en los que la ignorancia me hacían menos terrible su presencia. Me hace desear los amores tiernos de la adolescencia, que aún siendo igual de sufridos eran menos dolorosos, hoy quiero recordar el verso de José Asunción Silva como posible mensaje a Nimue.



Suspiro
Si en tus recuerdos ves algún día
Entre la niebla de lo pasado
Surgir la triste memoria mía
Medio borrada ya por los años,
Piensa que fuiste siempre mi anhelo
Y si el recuerdo de amor tan santo
Mueve tu pecho, nubla tu cielo,
Llena de lágrimas tus ojos garzos;
¡Ah, no me busques aquí en la tierra
Donde he vivido, donde he luchado,
Sino en el reino de los sepulcros
Donde se encuentran paz y descanso!

Alfonsina y el mar

A veces el mar me llama, supongo que es la misma llamada que recibió Alfonsina Storni, yo a veces también siento el deseo de llevar mi soledad, mi pesar, al agua y a la sal para dejar allá adentro todo.

Mi ex esposa nunca entendió ese impulso de meterme en el agua del mar a media noche cada 31 de diciembre, la verdad era que a veces soñaba con que no volvía a tierra.

Que en paz descanse Alfonsina Storni, como entiendo cuanto pesa el pesar y cuan honda puede ser la depresión. Les dejo la hermosa canción de Mercedes Sosa, Alfonsina y el Mar.


domingo, 18 de noviembre de 2018

«Si puedo evitar que un corazón se rompa»: Emily Dickinson; poema y análisis.



Si puedo evitar que un corazón se rompa (If I Can Stop One Heart from Breaking) es un poema de amor de la escritora inglesa Emily Dickinson (1830-1886), publicado de manera póstuma en la antología de 1890: Poemas (Poems).

Si puedo evitar que un corazón se rompa, uno de los poemas de Emily Dickinson más breves y eficaces, conjetura que para hacer el bien no es necesario abordar grandes empresas, sino más bien tocar y mejorar las pequeñas cosas cotidianas que nos rodean. Después de todo, una vida se justifica por la suma de esos actos diminutos, casi imperceptibles; acaso los únicos que pueden cambiar al mundo.


Si puedo evitar que un corazón se rompa.
If I Can Stop One Heart from Breaking, Emily Dickinson (1830-1886)

Si puedo evitar que un corazón se rompa,
entonces no viviré en vano;
Si puedo aliviar el pesar de un hermano,
consolar el dolor del vencido
ayudar al petirrojo a encontrar su nido,
entonces no viviré en vano.

Voy a Dormir


Voy a dormir (Voy a dormir) es el último poema de la escritora argentina Alfonsina Storni (1892-1938), escrito pocas horas antes de su muerte.

Ciudad de Mar del Plata, primavera. Una mujer de cabello corto camina con decisión hacia la playa. Algunos dicen que Alfonsina Storni se internó lentamente en el Océano Atlántico; otros deducen que se arrojó a las aguas embravecidas desde una escollera.

Lo único cierto es que Alfonsina Storni desapareció en el mar en la madrugada del 25 de octubre de 1938. Tenía 46 años de edad.

Esa misma noche, horas antes de su desaparición, Alfonsina Storni envió tres cartas: una para su amigo Gálvez, solicitándole que cuide a su familia; otra para su hijo, Alejandro; y una tercera para el periódico La Nación, adjuntando su último poemaVoy a dormir.

Voy a dormir, uno de los mejores poemas de Alfonsina Storni, es también su despedida.




Voy a dormir.
Voy a dormir, Alfonsina Storni (1892-1938)

Dientes de flores, cofia de rocío,
manos de hierbas, tú, nodriza fina,
tenme prestas las sábanas terrosas
y el edredón de musgos escardados.

Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame.
Ponme una lámpara a la cabecera;
una constelación; la que te guste;
todas son buenas; bájala un poquito.

Déjame sola: oyes romper los brotes...
te acuna un pie celeste desde arriba
y un pájaro te traza unos compases

para que olvidea... Gracias. Ah, un encargo:
si él llama nuevamente por teléfono
le dices que no insista, que he salido...

Disfraz

Desconfía de ese amigo que es sólo chistes, tal vez esconde su tristeza.
No te dejes engañar por el que oculta su vida solitaria en sábanas y lujuria.
Sospecha de aquel que tiene una vida vibrante de emoción, tal vez solo espera la muerte.
Mira en profundidad a aquel cuya vida es "perfecta", al que no le falta nada. Ese muy probablemente ya no desea vivir.

Todo eso lo sé bien porque soy un experto en usar la careta del hombre capaz y perfecto, mientras que la depresión abre túneles bajo el suelo de mi vida para derrumbarla desde abajo,

Ya cansado de ver que satanás se esfuerza tentándome para que me quite la vida, hice una trato con él, si pone el arma en mi mano, yo haré mi parte. Pero por supuesto es una oferta por tiempo limitado, tiene hasta mi cumpleaños número 46 para hacer su movimiento o debe dejarme en paz. De momento sólo parece avivar las ganas en mi, debe ser que teme que al final no lo haga.

miércoles, 7 de noviembre de 2018

Que mas quisiera...

Cuanto quisiera decir que la depresión se ha ido, que ya no me atenaza, que no pienso en acabar con todo, que se fue y hoy no es mas que un oscuro recuerdo. 

No es así, asoma su rostro cada vez que puede, me tienta y le he retado a darme los medios para darle a cambio lo que pide, me aplasta y me golpea hasta dejarme cansado, sin ganas de nada a pesar de que hay mil razones para luchar por todo.

La depresión es una compañía detestable que no se va, no te ayuda, te hace la vida de cuadros y pesa sobre tus hombros cada día, pero se acomoda en el rincón de tu alma y se prepara para tomar cada espacio sin importar de que trates de llenarlo.

Fue maravilloso vivir estos meses sin ella, ahora solo uso mi máscara como cientos de otros en la calle, me cubro de amabilidad para con todos porque se lo dura que puede ser la vida para con quien está frágil y finjo estar bien. La magia se me agota día con día y ya tengo angustia de lunes y dificultad para levantarme cada mañana. A veces sueño con no despertar o con dormir para siempre.

miércoles, 23 de mayo de 2018

Esto no es mío, pertenece al genial blog de poesía de Freddy Sosa (http://freddysosa.blogspot.com.co/) de donde lo tomé prestado sin avisar en una mañana de melancolía de esas en que la vida y los recuerdos vienen armadas con puñales y miradas de odio contra mi.

Que Pensará El Abuelo


Hubiera sido una finura
una elegancia
mirar los naranjos en Ribera
y dormir calientitos y viejos
mientras la lluvia retumbaba en el techo.

Hubiera sido
una delicadeza
llegar a viejo
para beber café en las tardes
frente al pozo en invierno.

Hubiera estado bien llegar a viejo
y tener nietos
que me pidieran cuentos
en las noches de frío
y aguardar el sol en una silla
con una manta cubriéndome las piernas.

Y que por Navidad viniera el hijo
que hace tanto no veo
Y que a solas sentado frente al fuego
se dijeran los niños
”¿qué pensará el abuelo?”
sin saber que yo estaba recordando tu pelo

Hubiera sido dulce
Llegar a viejo

Me abandoné en Dios y Él, me abandonó.


LA ÚLTIMA CITA


Tengo una cita con la eternidad,
me despido de los que quise con una sonrisa,
muy pocos notarán que llevo el alma hecha trizas.

Ella me espera cual paciente amante,
quien sabe hace tiempo que mi espíritu le pertenece
más pronto que tarde.

Tengo una cita con la eternidad
y está en mis planes adelantarla,
mucho antes de que suene mi hora
yo estaré pronto a visitarla.

No será sorpresa para algunos
ni habrá nostalgia en la mayoría,
juro que intenté vivir esta vida
pero me rendí ante cada golpe y cada ironía.

Lo que le deba a Dios lo pagaré con creces,
lo que me deba él si es que me debe,
que se lo abone a otros
que seguro se lo merecen.

Que les de mi fortuna
Sí me la guardaba para algún día.
Que les dé mis amores
porque sé que alguna habría que me querría.

Que les de mis laureles, mis triunfos, mis glorias,
aquellas que quedé esperando, las que soñé que un día vendrían.
Que se las dé a ellos; a los que sufren, a los que lloran,
a los que no tienen, a los que le gritan, a los que añoran, a los que ignora.

Que se las dé sí a mí me correspondían,
a buena cuenta del tiempo que no vivo, que no viviré.
Que les dé las glorias que yo tendría
y que recuerde que fui generoso mientras vivía.

Fui amigo de buenos amigos, fui amante apasionado,
fui soñador ensimismado, fui viajero en mi mente,
fui jugador, fui demente, fui soldado,
fui guerrero y a veces fui valiente.

No piensen que lo que hago es cobardía,
es desespero, es dolor, es protesta, es la última acción de un hombre que grita,
que no acepta no tener el control de su destino,
así sea por esta vía.

lunes, 14 de mayo de 2018


En Defensa del Suicida


La gente no entiende que el suicida no es un cobarde por querer dejar de enfrentar la vida, él no tiene problema alguno con su vida; son sus circunstancias lo que él rechaza, ha decidido que son demasiado dolorosas para seguir soportándolas y ha optado por tomar un camino que muchos temen, acelerar su muerte. Una opción que muchos llaman cobardía.

Examinemos la cobardía, los cobardes son aquellos que no se atreven a hacer cosas que la mayoría hacemos sin mucha dificultad; el cobarde teme a la oscuridad, al daño físico o a las historias de terror. Por otro lado, el valiente es aquel que enfrenta de manera voluntaria y firme a situaciones que muchos temerían enfrentar. El valiente salta en paracaídas, pelea contra situaciones temibles y confronta rivales y enemigos que a otros atemorizan. Queda entonces establecido que el cobarde huye ante aquello que a la mayoría no atemoriza y el valiente enfrenta situaciones que la mayoría rehuye. Siendo el mayor temor de todo ser humano la muerte propia, ¿en qué situación queda parado el suicida? ¿A quiénes atemoriza vivir? El suicida no teme vivir, de hecho, no teme vivir bajo las circunstancias en que lo hace y que o han impulsado al suicidio, él está cansado de vivir así. Está molesto ante las circunstancias que enfrenta cada día y que ha visto imposibles de cambiar por su esfuerzo, el suicida está afónico de suplicar ante un Dios sordo o peor aún, indiferente a su sufrimiento. Es un valiente que ha decidido enfrentar una circunstancia que muchos postergan a cada oportunidad, ha decidido regresar el más valioso regalo que te pueden dar porque simplemente no cumple sus expectativas. El suicida es una falla del sistema, de Dios, de la sociedad, de la familia y por eso queremos culparlo, por eso lo llamamos cobarde o pecador, porque es un recuerdo a nuestra conciencia de que hemos fracasado como padres, amigos, hermanos, compañeros. Dado que debemos descargar nuestra conciencia culpamos al único que no está presente para defenderse y que con gallardía ha decidido terminar sus problemas sin descargarlos sobre nosotros. Nos quejamos del dolor que nos produce su muerte, de lo insensible que fue y lo egoísta al tomar una decisión como esa sin pensar en las consecuencias de lo que deja atrás pero no pensamos en lo que debía afrontar cada día, en las oraciones no respondidas y las esperanzas destruidas que lo llevaron a ese momento en el cual en la balanza de su mente pesó más el deseo de descansar de la vida que la ilusión de ver nuevos amaneceres y la incertidumbre del porvenir.

Los antiguos Samurai del Japón feudal practicaban el seppuku, harakiri ó hara-kiri, una forma de suicidio ritual como última prueba de honor, lealtad y valentía ante situaciones que consideraban humillantes y más allá de su control (como la posibilidad de ser vencidos y capturados por el enemigo) y dudo mucho de que la mayoría de los lectores contemporáneos de este texto tuviera los cojones para decirle cobarde a un samurái del siglo XII en su cara.  Sólo hasta hace muy poco el suicidio es considerado algo malo, incluso en occidente; durante la era victoriana en Inglaterra el suicidio era una forma de lavar las deudas de honor de la familia y en esto se incluían las quiebras financieras. Es con el surgimiento de los Estados Unidos como potencia mundial y con establecimiento en occidente de la cultura del sueño americano cuando la mentalidad frente al suicidio da un vuelco total dando más importancia a la persona que sigue luchando por “salir adelante” (me gustaría conocer el origen de esa frase) que a aquella que pone fin a su sufrimiento por voluntad y mano propia, dando un mensaje claro a aquel Dios omnisapiente y todo poderoso que a pesar de su poder no cambia la esperanza vacía y agotada del suicida por pequeñas muestras tangibles de ese poder absoluto que alimenten las ganas de vivir. Dios es frente al suicida, un jugador de Poker al que no le creyeron el bluff de que todo estaría mejor perdiendo la apuesta y el esfuerzo de diseñar un plan perfecto que nunca verá la luz. El suicida nos duele porque es la muestra del fracaso de la fe, la esperanza y si aceptamos nuestra parte de culpa, también de la caridad, quizás por eso Dios le niega lo único que el suicida añora, el descanso eterno; es una venganza contra el que saltó la valla en vez de hacer la fila y decidió que no aceptaría el sufrimiento que implicaba el plan perfecto, que era demasiado para él y que simplemente regresaba la vida a quien se la ofreció antes de que sonara su turno e igual se la exigieran, el suicida es un valiente que toma la decisión final sobre lo que dice la sociedad, la familia, los amigos si es que tiene alguno y por encima del todo poderoso Dios que lo castiga cuando no ha escuchado su desespero.

En fin, no se trata de culpar a nadie, el suicida hace su elección y aunque hace llamadas de auxilio, rara vez son del todo claras, es más la despedida de un hombre que evalúa sus decisiones y se da cuenta del daño causado, de la vida y los errores cometidos y decide borrar todo de golpe para evitar hacer cosas peores.

Me despido con la frase maravillosa de Salgari, os saludo rompiendo la pluma. Merlín Ambrosius.